ENTREVISTA A LUIS PEIRANO
Reproduzco aquí la entrevista del Boletín CONEXIÓN de la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación de la Pontificicia Universidad Católica.
Nuestro Decano recibe la más importante distinciónLuis Peirano, nuestro Decano, recibirá el próximo viernes 28 la distinción más importante que otorga la Universidad a sus miembros distinguidos, la Medalla Dintilhac.
Nuestra Universidad ha considerado que su tarea de docente (de más de 25 años), promotor cultural, autoridad universitaria, etc. merece el más alto nivel de reconocimiento y por ello estaremos todos en el auditorio de Derecho para aplaudirlo y felicitarlo.
Sociólogo, comunicador, dramaturgo, actor, fundador de nuestra Facultad pero sobre todo amigos de todos, Peirano conversó con CONEXIÓN y nos relató detalles de su vida que nunca había contado:
-¿Le cortaron el pelo?
-Entré a la universidad en el verano del 64, por una academia especial que organizamos Javier de Belaunde, José María Salcedo, Rómulo Franco y yo. Contratamos a Salomón Lerner, Oscar Mávila y Franklin Pease como nuestros profesores y coordinaba Rafael Roncagliolo, compañero nuestro desde el colegio. Claro, después que ingresamos los cuatro, nos cortaron el pelo…
¿Porqué la Comunicación?-Siempre tuve una inclinación hacia la comunicación, lo que no sabía era que podía ser una disciplina científica y artística con rigor académico y universitario.
Vine a estudiar Letras por una inclinación hacia el cambio social, época de transformación en el país, y estaba convencido de que las Ciencias Sociales podían contribuir al cambio.
La comunicación fue una consecuencia de esos estudios en la Facultad de Letras, de mis estudios posteriores en la Facultad de Ciencias Sociales y de los desempeños que tuve en el teatro de la universidad, en el periodismo, cuando trabajé como calichín en la sección cultural de El Comercio y por la cercanía con la televisión y la radio. Hice radio y televisión muy tempranamente cuando estaba en el colegio, gracias al papá de uno de mis amigos que tenía un programa religioso en la radio.
Cuando estudiaba Ciencias Sociales, pensé que de alguna manera estos rubros podían organizarse en una especialidad de la comunicación. Tiempo después, fui a estudiar a universidades de Estados Unidos donde tenían facultades de comunicación y de hecho mi magíster fue en Ciencias y Artes de la Comunicación. Ese fue el inicio del derrotero que he seguido hasta ahora.
¿Y el teatro?
Vengo de una familia muy grande, soy el menor de 13 hermanos. En mi casa había mucha música, mucha alegría familiar y al mismo tiempo una gran cultura religiosa. Yo tuve un acercamiento casi espontáneo con el teatro popular. Mi familia es de Palpa y ahí habían muchas celebraciones religiosas de las que era testigo; luego en el colegio, los jesuitas profesaban la dedicación al teatro como parte de la formación. Desde pequeño he participado de las actividades, las representaciones, de las obras patrióticas, etc. Todo llegaba de una manera muy natural. Yo no pensé nunca en mi vida dedicarme al teatro. Me parecía que estaba fuera de mi cabeza y de hecho es por eso que nunca he sido un profesional del teatro, yo más bien soy un amador del teatro, que he estudiado mucho, que le he dedicado mucho tiempo y que claro, como más o menos me ha ido bien, la gente me reconoce como entendido del teatro.
…Pero fue en la Universidad Católica donde descubrí el teatro como una actividad seria, que históricamente era vital para el desarrollo humano, algo que todavía mucha gente no reconoce. Es por esto, que mi quehacer ha sido siempre universitario, incluso cuando he hecho teatro fuera de la universidad, las obras no tenían un interés lúdico o comercial específicamente, sino que pretendían explorar y diseñar nuevos caminos para la teatralidad en relación con la sociedad a la cual los espectáculos se refieren.
¿Qué representa para usted la distinción que la universidad le otorga?
Me abruma, me sonroja. Recién entiendo lo que dicen las personas mayores cuando les dan premios o reconocimientos. Lo acepto sólo porque creo que también es una forma de reconocer al equipo con el que he trabajado. Estoy seguro que los profesores y los alumnos de la facultad celebrarán conmigo este viernes, para que no me sienta tan solo. (risas)